Tú y tu rincón. Miras y no ves nada, te das la vuelta, vuelves a mirar y sigues sin ver nada, no hay nada ni nadie, estás solo.

Agarrado a tu mano como si un tesoro fuese, un libro, no importa el tamaño, ni el color... Intentas dejarlo caer, pero no puedes, el se agarra a ti con fuerza. Pide una oportunidad.

Decides abrirlo y quizás ojearlo.

Lo abres y no sientes nada extraño, miras a tu alrededor y sigues solo. Comienzas por la primera palabra, luego la segunda, tercera, cuarta,... y así, sin darte cuenta te enganchas como a una droga, no puedes parar, ni siquiera piensas en dejarlo. Las horas se hacen minutos y los minutos segundos..., cuando amanece empieza a anochecer.
Y tu sigues ahí sintiendo, imaginado, viviendo cada escena, cada personaje, cada escenario, incluso sientes cada olor, cada soplo de aire, cada murmullo... sientes vida.

Y así, día tras día, libro tras libro, vida tras vida. Hasta que un día vuelves a mirar a tu alrededor y ya no estas solo, hay mil cosas nuevas, cosas que solo tu mente vio, que solo tu puedes describir porque tu lo creaste...

Y lo mejor es que sabes que aún te queda mucho por descubrir porque aún te quedan libros por leer.